Cena por San Valentín by Antonio Caro Escobar

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La mesa estaba prepara para la cena, llevaban treinta años juntos. Encima había un jarrón de rosas una por cada año que habían pasado juntos.

Se puso su mejor traje, aquel que le regalo unos años atrás para su cumpleaños, era rojo de tiro largo y tirantes, debajo no llevaba nada, quería que él se diera cuenta y se excitara viendo las trasparencias del vestido. Lo conocía demasiado para no saber su reacción cuando la viera, pero ella quería que esa cena de San Valentín fuera especial.

Había preparado la cena con mucho esmero y cariño, constaba de  unos entrantes de primero que llevaba unos canapés de salmón ahumado con queso, tomates cherris con anchoas y pate de fua con alcaparras. Un primer plato que consistía en un coctel de gambas y salsa rosa y un segundo en el que se había decantado por unos medallones de solomillo de ternera a la pimienta verde, todo ello regado con vino blanco para los canapés y el primero y un tinto reserva para la carne, de postre había preparado unas fresas con nata y champán para rebajar una tan copiosa cena, después llegaría el plato fuerte, pero eso después.

Encendió las velas, puso música chill out y se sentó en el sofá a esperar a su media naranja. Al cabo de lo que pareció una eternidad oyó como se abría la puerta de la calle y él entraba, como cada noche decía hola desde la entrada e iba al baño donde se daba una ducha y se ponía cómodo.

Cuando acabo de ducharse, se dirigió al dormitorio, se encontró la ropa que ella le había preparado, encima de la cama.

—¿Qué es esto? —pregunto desde el cuarto.

—La ropa que te tienes que poner para esta noche cariño —le contesto desde el comedor.

—¿Ni que fuéramos de boda? —dijo él refunfuñando. Pues traigo yo un cuerpo como para salir de fiesta.

Oyó que refunfuñaba, pero aún así, sabía que se lo pondría, lo conocía demasiado bien como para dudar.

Cuando acabo de vestirse, entró en el comedor, vio la mesa, todo engalanado y le preguntó.

—¿Qué significa todo esto?

—Ya veo que te has vuelto a olvidar del día que es hoy.

—¡Hoy! Hoy es un día mas en el que he tenido que trabajar igual que los últimos veinticinco años, otro asqueroso día de trabajo más.

Ella muy tranquila, le dijo.

—Cariño, hoy es San Valentín, el día de los enamorados.

—¿El día de los enamorados? Eso son tonterías que se inventaron para sacarnos las perras que tanto me cuesta ganar.

—Vamos cariño, no te enfades —le dijo dándole un beso y oliendo su aliento a cerveza. He preparado una cena especial para esta noche, es nuestra noche.

Le dijo dando una vuelta sobre si misma como una bailarina para mostrarle algo de lo que el no se había percatado.

—¿Qué haces así? Como vengan los niños te van a ver medio empelotas. Ni que fueras ahora una mozuela —le reprendió él de mal humor.

—Tranquilo cariño, los niños se han ido a dormir a casa de mi madre, tenemos la noche para nosotros solos, vamos a disfrutarla —le contesto ella sonriendo. Siéntate a la mesa y cenemos, como lo hacíamos antes ¿Lo recuerdas? Cuando éramos novios.

—De eso hace ya mucho, entonces no teníamos los problemas que tenemos hoy, ni teníamos a los niños, ni los gastos que tenemos y todo sale de mis espaldas, me deslomo todos los días para poder tener algo y cada vez estamos peor.

—Cálmate cariño, no te pongas así, solo era un comentario, para que vieras que las cosas podían ser como antes, no para que me soltaras un discurso de amargura.

—No, si encima voy a tener yo la culpa de vivir hecho un esclavo — dijo él levantando la voz.

—Shuuu. Que te van a oír los vecinos.

—Que me oigan, a ver si uno no va poder hablar ni en su propia casa, que se dediquen a lo suyo, que seguro que tienen mucho que callar —dijo casi chillando.

Ella se levanto de la mesa se fue a la cocina a por la comida. Él empezó a comer sin levantar la mirada del plato siquiera, auque para ser lícitos, bebía más que comía.

—¿No hay cerveza? —preguntó

—Hoy no cariño, hoy solo vino, es una noche especial para ambos —le dijo ella.

—No se que tiene de especial, para mi es una más como tantas otras —contesto él.

—Venga amor, no seas así, hazlo por mí, solo por una noche —le pidió ella.

—Vas a ir tú mañana por mí a trabajar ¡No verdad! Pues entonces —escupió él

—Joder como eres, siempre tienes que aguarme la fiesta, para una cosa que te pido —le recrimino ella. Voy a por el postre, a ver si así te animas un poco.

Se levanto de la mesa mientras el se llenaba de nuevo la copa de vino y le daba un sorbo. Trajo los boles de las fresas con nata y las copas de champán junto con la botella.

Comieron en silencio, mientras ella lo miraba de soslayo, él en cambió tenía la mirada vidriosa por culpa del vino que había bebido y las cervezas que se había tomado antes de volver a casa, cuando salió del trabajo.

Ella lleno las copas de champán le dio una a su marido y lo agarro de la mano para que se levantara de la silla y le llevó al sofá donde se sentaron, el se hecho hacía atrás y ella se acerco a él, le puso sus labios en los de él y le acarició la pierna, él se removió en el asiento al sentirse excitado, le fue a poner una mano en el pecho de ella y se la retiro.

—¡Quieto! —le susurro en el oído. Déjame hacer a mí.

Se sentó encima de sus piernas y noto el bulto de su pantalón, se desabrocho los botones del vestido y se saco las mangas de los brazos, dejando los pechos al descubierto, le agarro la cabeza y se la acerco a ellos.

Él ávido de sexo que estaba después del precalentamiento al que le estaba sometiendo su mujer, le agarro un pezón con los labios y empezó a morderlos y chuparlos con ansiedad, intento darla la vuelta para echarla en el sofá y penetrarla, pero ella le dijo.

—Tranquilo no tengas prisa o acabaras antes de tiempo, déjame disfrutar un poco amor mío, tenemos toda la noche para nosotros.

Él solo gruño un poco, como el que no estaba muy de acuerdo, pero volvió a dejarla que ella marcara el ritmo. Se bajo para desabrocharle los pantalones y quitárselos junto con el slip, cuando ya estaba desnudo de cintura para abajo, se agacho poniéndose de rodillas. —Él se relamía pensando en la felación que le iba a practicar su mujer, le había costado convencerla a que se las realizara de vez en cuando, aún a veces la tenía que obligar un poco ¡Pero hoy! Hoy salía de ella y eso lo excitaba más aún si cabía —. Le agarro el miembro con la mano izquierda y empezó a masturbarle, mientras con la derecha agarro un cuchillo que tenía debajo del sofá y lo asió con fuerza; él tenía los ojos cerrados y no lo voy venir, cuando de un solo tajo le cerceno el pene, el soltó un alarido que se escucho en todo el vecindario, abrió los ojos de par en par y se agarro lo que quedaba de lo que había sido su miembro viril.

—Hija de perra, que me has hecho —le grito entre gemidos de dolor.

—Devolverte parte de lo que me has dado durante estos treinta años —le dijo ella con rabia contenida. Dolor y sufrimiento a raudales.

Y mientras le decía esto le clavo el cuchillo en el cuello, sesgándole la carótida, quería que se desangrase y ver como se le escapaba la vida.

—¿Qué se siente? Dolor ¿Verdad? Pues no es nada comparado con el que me has infligido durante todos estos años, un día y otro de borrachera, abusos, golpes y maltratos psicológicos.

Hoy voy a disfrutar de una última cena de lujo y una sobremesa de la cual voy a recordar el resto de mi vida, aunque me pase los próximos cinco años en la cárcel, serán como unas vacaciones para mí. ¡Ah! Por los niños no te preocupes, mi madre se ocupara de ellos, ya lo sabe.

A él se le escapaba la vida, los ojos vidriosos, le costaba centrar la imagen de su mujer, la oía cada vez más lejana, pero no comprendía lo que le estaba diciendo, solo notaba lo pegajosa que era la sangre que le bajaba por el pecho, el vientre, y se le mezclaba con la que perdía por el miembro amputado.

Al cabo de unos minutos dejo de respirar, ella se levanto, fue a lavarse y después llamó a la policía. Cuando descolgaron al otro lado dijo.

—Acabo de matar a un violador reincidente, después de treinta años soy libre, por fin descanso en paz.

 

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2 Comments

  1. De las historias unas feroces para leer… pero en el fondo un perfil más de una realidad que pone en sufrimiento a quien por tantos años, lo calla.
    El inicio da para que al lector le asalten ganas de que se vuelva víctima, el agresor. El final nos hace sentir hasta un poco incómodos de que se cumplan nuestros deseos.
    Genial Antonio, genial!

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